VIDA SALUDABLE: GASTO ENERGÉTICO

La noción de gasto energético se emplea con referencia a la cantidad de energía que el organismo necesita para desarrollar sus actividades y funciones. Dicha cantidad, medida en calorías, se calcula según el uso de la energía que se halla conservada en los enlaces químicos de los nutrientes.

El organismo lleva adelante numerosas acciones de manera constante: desde formar y reparar tejidos hasta digerir los alimentos, pasando por la respiración, la conducción de los impulsos nerviosos y el sostenimiento de la temperatura corporal. Todos estos procesos requieren de energía para concretarse. El gasto energético es esa energía que el organismo demanda para funcionar correctamente.

Hay, por lo tanto, un requerimiento energético que debe ser satisfecho a través de la alimentación para que el organismo pueda concretar así el gasto energético necesario. Esto quiere decir que las personas, para lograr que su organismo funcione bien, deben ingerir alimentos que les proporcionen energía.

Si una persona come más de lo que gasta y mantiene esta situación en el tiempo irá ganando gradualmente grasa corporal, por ello es importante saber de qué depende nuestro gasto energético total. La energía que una persona gasta en 24 horas es el sumatorio de una serie de “sub gastos energéticos”:

En primer lugar depende del gasto metabólico basal. El metabolismo basal es (para explicarlo de una forma didáctica) lo que una persona consume simplemente por estar vivo (latidos del corazón, respiración, fabricación en la médula ósea, funcionamiento del hígado y riñones…). El metabolismo basal es el principal componente del gasto energético total; no en vano representa más del 60% de dicho gasto. Cuanta más masa muscular tenga una persona más elevado será su metabolismo basal, por ello la práctica deportiva que suponga un incremento de la masa muscular incrementará el metabolismo basal (al margen de que además incrementará el gasto por actividad física).

En segundo lugar depende del gasto por actividad física. Cuando de forma voluntaria estamos moviendo nuestros músculos esqueléticos estamos incrementando el gasto por actividad física. Este es el componente más modificable y variable del gasto energético total (yo puedo decidir hacer mucha o poca actividad física).

En tercer lugar depende del efecto termogénico de los alimentos. Después de comer los músculos del tracto digestivo incrementan sus contracciones: tiene que haber producción y secreción de enzimas gástricos, absorción y transporte de nutrientes, etc., generando un gasto. A más número de comidas, más gasto.

En cuarto lugar está la termogénesis adaptativa. No se suele tener en cuenta, pero la realidad es que a veces se tiene un gasto extra de energía cuando el organismo debe adaptarse a situaciones que suponen un cambio drástico. Cuando tiene que adaptarse a mucho frío, al ayuno, a un traumatismo o al acondicionamiento físico, por ejemplo.